martes, 12 de marzo de 2013

Práctica 3 Habilidades de la comunicación


Ejercicio con el metamodelo del lenguaje.


Juntándonos por parejas, tuvimos que rellenar una tabla en la que se ofrecían una serie de frases generalizadas y distorsionadas, ante las cuales debíamos identificar cuál era la violación de dicha frase y a continuación formular una pregunta que actuara como desafío al supuesto interlocutor para que de manera sencilla se diera cuenta de su fallo en el discurso.


Al acabar el ejercicio cada persona puso en común con su grupo las experiencias que había tenido al realizar la actividad, y nosotras estamos de acuerdo en que:


-A la frase “él siempre lo hace así”, la violación sería “siempre”, ya que está generalizando el comportamiento de alguien, y el desafío sería algo como “¿seguro que siempre?”, puesto que se está refiriendo a que a menudo actúa de esa forma o con las mismas actitudes, pero no siempre.

-A la frase “su forma de ser me pone enfermo”, estamos de acuerdo en que la violación sería “enfermo” y el desafío “¿qué tipo de enfermedad?”. Al reproducir esa frase el sujeto interlocutor quiere decir que su forma de ser, sus comportamientos o actitudes no le gustan y no son gratos para él, pero no que la forma de actuar de la otra persona le esté causando ninguna enfermedad en sí, así que estamos ante otra distorsión.

-A la frase “es evidente que no me aceptan”, la violación sería “es evidente” y el desafío “¿qué tipo de evidencia?”, estaríamos ante una lectura mental, ya que el hablante parece desentrañar las intenciones de otra u otras personas.




-A la frase “él siempre está mirando la televisión: él no me quiere”, coincidimos en que la violación sería “siempre” y “no me quiere”, y los desafíos serían “¿seguro que siempre?” y “¿crees que ver la televisión es la causa de que no te quiera?”, ya que sería una distorsión que responde a una equivalencia compleja, son dos experiencias diferentes que se unen teniendo el mismo significado.



Tras poner en común dichos desafíos, los representamos con nuestra pareja, haciéndonos pasar por terapeuta y cliente respectivamente: el cliente contaba algo diciendo frases generalizadas o distorsionadas y el terapeuta debía intentar captar la violación de cada una de ellas y desafiarnos con una pregunta.




La experiencia fue realmente agradable, ya que al pensar las preguntas para rellenar la tabla parecía más complicado ponerse a pensar un desafío, pero a la hora de interpretarlo, la conversación fluía y la actividad requería menos esfuerzo, aunque es cierto que era más complicada la postura de terapeuta, ya que en nuestra vida ordinaria estamos acostumbrados a utilizar estos tipos de mecanismos generales y era más difícil identificarlos cuando el cliente los reproducía.

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